Los mil usos de una suiza
Constanza Rojas Caballero
Las tiendas de cosas hippies me son indiferentes, todas son iguales: inciensos, pipas, pulseritas, cuarzos, inciensos, más inciensos...
Huele rico. ¿Qué aroma será?
-¿Buscabas algo?
-¿De qué es el incienso que tienes puesto?
-Es de rosas, es el de esta caja. Huélelo.
-Me das una, por favor.
-Sí, claro. Son 10 pesos. ¿Quieres que te lea la mano?
-No, gracias.
-No cobro. Ven, dámela.
Sus manos blancas tomaron mi mano morena. Eran tan suaves. Sus dedos recorrían las líneas de mi mano. Sentí cosquillas en el estómago. Sus ojos verdes, grandotes, dieron vueltas en mi universo.
-Ves esta línea, aquí nos dice que vas tener una vida muy larga.
-Esperemos que así sea.
-Oye, ¿cómo te llamas?
-Kim.
-¿Y tú?
-Eduardo. ¿No eres de aquí, verdad?
-No.
Kim es alta, más alta que yo. Yo mido 1.69. Su color de piel es blanco como la leche carnation light y su piel suave como el pan bimbo. Su dorso largo de gimnasta es como el de Nadia Comaneci, pelo negro muy corto, pecas, labios fanta de fresa y, claro, sus hermosos ojos verdes grandotes. Usa los pantalones a la cadera, aguados, camisetas pegadas de círculos de colores y sandalias de muchos colores.
-Kim, ¿a qué hueles?
-A pachuli.
-¿Tú qué te pones?
-Hugo Boss… Me gusta cómo hueles.
-A mí me gusta también cómo hueles tú.
-¿Por qué hablas tan bien el español si no eres de aquí?
-Mi mamá es chilena, se fue de exiliada con el golpe de estado. Siempre quiso ser europea, odiaba Chile. En Suiza se metió con alguien y me tuvo a mí, no sé quién es mi padre. Mi mamá nunca habló de él, supongo que no sabe quién es.
-¿Cómo es que estás aquí?
-Conocí hace dos años en Barcelona a mi exnovio Alfonso DJ Néctar, estudiaba en Monterrey. Fuimos al Festival de Sonar. Tocó Nortec. Andaba hasta arriba, no recuerdo qué tanto me metí. Alfonso me propuso regresarme con él.
-Lo que es el alcohol. Me supongo que era un festival de música española.
-¿Alcohol? ¿Música española? Eran pastillitas, jejeje, por llamarlas de algún modo, y música electrónica.
-Órale. ¿Y después qué pasó?
-Viví un tiempo en Monterrey con él, pero la ciudad no me gustó; demasiado calor y demasiado frío, la gente vive muy rápido. Trabajé un tiempo en una tienda Zara, no podía creer que tuviera tanto renombre aquí en México. Aquí Zara es una tienda para ricos, allá es una tienda de ropa barata de moda y desechable. Pero no aguanté. No soportaba tanta vanidad, tanto valor a las marcas, la ropa, los autos. No era lo mío. Conocí en una fiesta a Manuel, un rasta; me invitó a Cipolite. Dejé todo y me fui con Manuel. Alfonso me gritó que era una puta, hippie y sucia. Allá conocí a Xóchitl, la dueña de esta tienda. Terminé con Manuel y también me dijo que era una puta. Xóchitl me ofreció venirme con ella para la tierra del tequila y aquí estoy.
Kim me daba vueltas en la cabeza: Kim, Kim, Kim, mi Kim. Me gusta cómo se toma su megacapuchino extra con galletas oreo, cómo le quita la crema chantilly con la lengua y chupa el popote. Me encanta invitarle los capuchinos del café de la esquina de la tienda.
Soy feliz al escucharla con su español chileno.
-El universo es infinito. Tú y yo no somos nada.
Para mí, Kim es todo.
-Eduardo, ¿qué estudiaste?
-Finanzas, en el Tec.
-¿Por qué estudiaste eso?
-Por la película de Wall Street.
-¿Por una película? ¿De qué es?
-Sí, me gustó mucho; además me gusta Nueva York, aunque no he ido y ahora, con lo de los avionazos, pues la verdad ya me da miedo ir. Es de un corredor de bolsa que manipula las empresas para hacerlas quebrar o ricas por medio de rumores y especulaciones. Subir y bajar acciones.
-No entiendo nada ni me interesa. ¿Y en dónde trabajas?
-Soy gerente de una sucursal de banco, es donde me dieron trabajo.
-Yo me moriría de aburrimiento en un banco. Qué flojera contar billetes y ver tanto dinero que no es tuyo.
-Ajá. ¿Qué hiciste el fin de semana?
-Fui al cumpleaños de uno de mis amigos, les preparé un pastel especial de zanahoria.
-Espero algún día lo pueda probar.
Me imagino a Kim llegando a mi departamento vestida de blanco con un vestido mini y un velo blanco, como virgen, iluminada. Con un pastel redondo de betún blanco y una zanahoria dibujada. Kim me da cucharadas en la boca, pastel con sabor a Kim. “Es sólo para ti, mi amor”.
-Me salen buenísimos.
-¿Cuándo es tu cumpleaños, Eduardo?
-El domingo.
Le mentí, deseaba que Kim me diera de su pastel.
-¿Qué bien? ¿Y qué vas hacer?
-Nada, ¿tú crees?
-No te pongas triste, te haré tu pastel de zanahoria.
-Sí, me encantaría. Te espero en mi departamento el domingo a las ocho de la noche.
Le tuve que pagar doble a Doña Mari para que me tuviera todo perfectamente limpio y me dejara la cena lista para mi Kim. Me aclaró que el domingo es día para dedicarle a Dios e ir a misa, y por lo tanto se cobra doble. Me hizo spaghetti y albóndigas. Quiero que sea una velada como la de la Dama y el Vagabundo. Me puse mucho Hugo Boss para oler bien, compré un disco de Nortec, para que se sienta en su ambiente.
-Pasa.
-¡Felicidades!
-Kim me abrazó y me dio un beso.
-Aquí está tu pastel.
-Se ve riquísimo.
Kim no llegó como virgen, de blanco, pero se ve muy bien con sus pantalones aguados y su blusa sin mangas. Pongo el cd, qué música más rara. Nos sentamos en el comedor y saqué los dos platos que me dejó Doña Mary servidos en el micro.
-Ojalá te guste.
-Se ve riquísimo, pero sólo me comeré la pasta porque soy vegetariana.
-¡Qué pena! No sabía que lo fueras.
-Sí. De todas formas me encanta la pasta. ¿Tú la cocinaste?
-Claro.
-No sabía que eras buen cocinero.
-Tengo mis secretos.
-Eres un estuche de monerías.
Kim se ve hermosa, sorbiendo y succionando los espaguetis largos, largos; ella es hermosa, y sus labios fanta llenos de salsa ragú… Deliciosos.
-Espero que te guste mi pastel especial.
-Claro, párteme una rebanada.
-Ten una rebanada grande para el cumpleañero.
-Está delicioso.
Está riquísimo. Kim me hizo un pastel de zanahoria especial; estoy tan feliz, nunca había probado un pastel tan rico, pero tan rico; siento cómo el betún toca mis labios y se desliza por mi boca tan cremosito, no sé ni cuántas rebanadas nos hemos comido Kim y yo.
-Jejeje. ¿Te gustó? Estoy hasta arriba.
-Yo también he comido mucho pastel.
Kim me da besos, besos con sabor a pastel de zanahoria. Quiero tocarla, tengo ganas de reír, nunca había sentido unos besos tan ricos. Me siento tan bien. Quiero más pastel. Los sonidos de cd que compré retumban por el departamento. Suena como a banda, no sé qué es.
-¿Vamos a tu cama?
-¿Quieres, Kim?
-Te lo estoy pidiendo.
Nos besamos mientras nos quitamos la ropa. Kim se queda en tanga lila miniatura y camisetita del mismo color. Yo ya no aguanto más. Quiero recorrer su cuerpo carnation con olor a pachuli y hundirme en el pan bimbo.
-¿Quieres algo de beber? Voy por algo.
-¡Kim! ¡¿Ahora?! ¡¿No puede ser después?!
-Tengo mucha sed.
-Yo voy.
-No, no es que también voy al baño.
-Bueno, tráeme algo de tomar a mí. Lo que tú tomes.
Kim es hermosa, además me atiende, la perfecta esposa y madre de mis hijos.
-Kim, sabe medio raro el jugo.
-Es por tanto pastel que comiste.
-¡Qué sed! ¿Y el tuyo?
-Ya me lo bebí en la cocina.
Nos besamos, la beso, me besa, me toca, la toco. Recorre mi cuerpo con la lengua. Cierro los ojos.
Kim.
¿Qué horas son? No está Kim en mi cama. Estará en el baño. Encenderé la tele. ¡No está! ¡Ni el dvd! ¡Ni el estéreo!¡Ni el micro! ¿Qué es esto? Una nota.
“Espero que te haya gustado mi pastel de mota lima-limón especial. Conocí a un brasileño hace un mes y me voy con él a Río. Necesitaba un trueque. Aquí te dejo mi navaja suiza. Se la robé a mi madre. Espero que le encuentres los mil usos, porque yo sólo creo que le encontré éste. Aunque si quieres puedes suicidarte con ella, eres un aburrido, idiota y perdedor. Ah, y la tienes pequeña. Kim.”
¡Piche puta hippie, sucia y ratera!